Barranco Oscuro

Barranco Oscuro, vino natural elaborado en las alturas granadinas

Durante los días de Semana Santa por mi tierra, tuve la suerte de visitar Barranco Oscuro, una de las bodegas andaluzas a las que más ganas le tenía. Poco más de una hora de coche, desde Aguadulce a la Sierra de la Contraviesa, donde a más de 1.300 metros de altitud se ubica este bonito cortijo/bodega donde se elaboran vinos naturales de prestigio mundial.

Barranco Oscuro, un referente en la elaboración de vino natural.

Eran aproximadamente las 11:30 de la mañana del Lunes de Pascua cuando aparcamos en la puerta del cortijo. Allí, nos esperaban Manuel Valenzuela, el alma de Barranco Oscuro desde 1979 y que todavía hoy a sus 83 años sigue ‘al pie del cañón’, y Dana, su amable perra.

Las vistas que nos regala La Contraviesa a 1.300 metros de altitud son impresionantes. Mirando hacia el sur se ve el paisaje escarpado y montañoso sobre el mar Mediterráneo. Cuando no hay bruma se puede ver el norte de África. Si miras hacia el norte se ve el resto de la Sierra de la Contraviesa y, al fondo, Sierra Nevada, que este año ha estado a tope de nieve.

Tras una breve charla de bienvenida, nos dirigimos al interior para poder conocer su trabajo y probar algunos de sus vinos. A los pocos minutos de conocer a Manuel te das cuenta de que es una persona con una amplia trayectoria repleta de experiencias. Lo que parece una conversación sin más se va llenando de pasajes de su propia vida y de la historia de Barranco Oscuro.

Sus orígenes en un pequeño pueblo de Granada, su familia, sus años en París y Barcelona, donde se dio cuenta que quería vivir la vida de otra manera, sus contactos, amistades, etc. Toda la historia está hilvanada con un sinfín de anécdotas y recuerdos que han marcado su vida. Una estupenda charla en un entorno tan agradable, que bien podría alargarse fácilmente sin darte cuenta del transcurrir de las horas.

Manuel y sus elaboraciones son referentes en vino natural.

Aunque Barranco Oscuro se construyó a finales del s. XIX, fue a finales de 1979 cuando Manuel y su mujer Rosa adquirieron una parte de la casa cortijo y 15 hectáreas de terreno. El cortijo ya tenía tradición en la elaboración de vinos en la zona, por lo que Manuel decidió continuar con la actividad al año siguiente de su adquisición. Tras su primera toma de contacto con el vino durante sus años en París, poco a poco fue creciendo el interés y sumando conocimiento y experiencia a su faceta como viticultor.

Además de trabajar sus viñedos de forma independiente, Manuel ha participado en numerosos proyectos vitivinícolas con el objetivo de producir grandes vinos con prácticamente cualquier variedad de uva, tanto autóctona como de otras procedencias. Su enfoque como elaborador es el cultivo de la viña de la forma más natural y respetuosa posible y una mínima intervención en viñedo y bodega. Esto significa que no usa productos químicos para el cultivo ni para la elaboración de sus vinos, lo cual se denomina vino natural. Además, no existe la figura del enólogo, si no que el viticultor es el que hace realmente el vino con una fruta muy pura.

Vino sin artificios ni maquillaje.

Manuel es todo un referente nacional e internacional en la elaboración de vino natural. Pocos como él, son capaces de sacar lo mejor de cada variedad de uva sin artificios ni maquillaje, ofreciendo elaboraciones que reflejan y saben a lo que la tierra le aportado a la fruta. Para Manuel, esta forma de trabajar es lo que realmente ofrece una «Garantía de calidad» en el vino.

Además, su trabajo es totalmente independiente de Consejos Reguladores o Denominaciones de Origen, por lo que tiene vía libre para crear, mezclar variedades o combinar tiempos de elaboración. Eso sí, al estar fuera de estas normativas no tiene derecho a usar el nombre las uvas en sus etiquetas. ¡De ahí el nombre tan llamativo de sus vinos!

Los vinos de Barranco Oscuro.

Es posible encontrarnos con más de veinte vinos naturales elaborados por Manuel Valenzuela para Barranco Oscuro, dependiendo de las condiciones de cultivo de cada año. Vino tinto, blanco, rosado, espumoso (varios métodos) e incluso dulce, elaborado con algunas de las uvas más representativas a nivel mundial: Pedro Ximénez, Tempranillo, Riesling, Pinot Noir, Chardonnay, Cabernet Sauvignon, Merlot, Syrah, Garnacha tinta y blanca, Moscatel de Alejandría, Cabernet Franc, Vigiriega, Listán Negro, Sauvigon Blanc, Palomino, Vermentino o Viognier.

Algunas de ellas, como la Vigiriega (rescatada a mediados de los 80) y la Moscatel, son uvas autóctonas de la Sierra de la Contraviesa, pero otras, como la Vermentino y la Riesling, las ha podido trabajar gracias a su participación en proyectos de investigación sobre uvas de otras regiones y a su curiosidad por elaborar vinos con diferentes cualidades. ¡Podemos decir que no hay uva ni elaboración imposible para Manuel!

Nuestra cata de vinos en el cortijo.

Durante nuestra visita, Manuel nos explicaba sus elaboraciones y su filosofía de vida intercalada con algunas vivencias propias a la vez que nos adentrábamos por los recónditos pasajes de la bodega.

En hasta tres niveles de profundidad distintos, se encontraban la sala de fermentación, la sala de barricas para crianza y en el punto más profundo, la parte más antigua de la bodega: un sótano donde trabajar las elaboraciones que requieren temperaturas más frescas y constantes. Fue un lujo poder conocer todos los entresijos de Barranco Oscuro.

Manuel nos ofreció probar cuatro vinos diferentes: Ring Ring (sorprendentemente rico Riesling), Ensayo de Burbujas (el espumoso que desafortunadamente va a dejar de hacer porque requiere demasiado trabajo), La Familia y una botella de Tempranillo y más del 2003.

Este último se encontraba en el último nivel de la bodega, con la etiqueta dañada por el paso del tiempo, pero con el contenido líquido en un estado impecable. Con un color, textura y sabor increíbles, que muchos vinos no naturales ya desearían para sí mismos.

Como decía, todos ellos vinos naturales elaborados de forma artesanal y respetando el entorno, sin químicos en el viñedo, sin sulfitos en bodega, con levaduras autóctonas, sin clarificar y sin estabilizar. Todos ellos vinos muy diferentes entre sí, pero a la vez con notas comunes, como cierta turbidez al servir o esas notas aromáticas campestres, que de verdad proceden del terruño.

Así, y sin darnos cuenta, la hora de la comida se nos echó encima, por lo que tuvimos que cerrar nuestra visita antes de lo que nos hubiera gustado. Lo que a su vez nos deja la sensación de tener algo pendiente que nos obliga a volver a Barranco Oscuro en un futuro no muy lejano. Hasta entonces, brindaremos con sus vinos.

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